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La
cirugía refractiva con láser ha experimentado
una extraordinaria difusión en todo el mundo
durante esta última década. Cada vez
son más las personas que se han beneficiado
de esta intervención y han conseguido realizar
su vida normal sin la necesidad de utilizar gafas
o lentes de contacto. Existen diversas técnicas
refractivas que se han utilizado en estos últimos
años con mayor o menor éxito, pero todas
sin lugar a dudas han contribuido al perfeccionamiento
y a su difusión.
La
queratectomia fotorrefractiva (PRK) es una
técnica fiable y segura para tratar la mayoría
de los casos de miopía, su gran inconveniente
consiste en que se necesita un período relativamente
largo de recuperación, así como la aparición
de una serie de complicaciones entre la que destaca
el haze estromal. Estas circunstancias han motivado
que la mayoría de los oftalmólogos hayan
optado por el LASIK, ya que con esta técnica
también se consiguen excelentes resultados
y una rápida recuperación visual. Estos
buenos resultados han traído como consecuencia
un dramático incremento en el número
de intervenciones en todo el mundo. Sin embargo como
consecuencia de este aumento de volumen quirúrgico,
también se han incrementado el número
de complicaciones inherentes a la técnica de
LASIK. Entre las más frecuentes tenemos,
flaps defectuosos, dislocaciones tardías del
flap, síntomas de ojo seco, ectasia posterior
corneal, crecimiento epitelial en la interface y queratitits
lamelar.
El
término LASEK (Laser-Assisted Subepithelial
Keratectomy), significa Queratectomia Subepitelial
Asistida con Láser y consiste en una nueva
técnica que podría considerarse una
combinación entre la PRK y el LASIK,
su gran ventaja radica en que se puede conseguir una
recuperación visual relativamente rápida
eliminando prácticamente todas las complicaciones
relacionadas con el flap.
La
técnica original fue ideada por el Dr. Massimo
Camellin y la podemos resumir de la siguiente
manera:
Se
anestesia la cornea con un colirio de proparacaina
al 5 %, a continuación por medio de una trefina
de 8.0 mm. se crea una incisión corneal circular
de 270º para dejar una bisagra a las 12 horas.
Un
recipiente de 8.5 mm. se coloca sobre la incisión
corneal previa, y a continuación se llena con
una solución de etil alcohol al 20% permaneciendo
esta solución en contacto con la cornea durante
35 a 45 segundos, de esta manera se consigue debilitar
las adherencias del epitelio corneal y se crea un
flap epitelial anclado a las 12 horas.
El
siguiente paso es tratar el defecto refractivo con
el láser excimer. Al finalizar su aplicación
se recoloca el flap epitelial sobre el estroma corneal
y se termina la intervención colocando una
lente de contacto terapéutica.
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